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Equilibrio

Photo: B. Fertman

Photo: B. Fertman

(*Poise no tiene traducción precisa en español, pero tiene connotaciones de equilibrio dinámico y armónico, porte elegante, gracia y control. Aquí se traduce como “equilibrio”.)

El equilibrio sucede por sí solo cuando dejamos de interferir con él. El problema es que no sabemos precisamente cómo estamos interfiriendo porque no podemos sentir la interferencia. Lo que sí sentimos es la consecuencia de la interferencia, algún estrés, esfuerzo, tensión o fatiga particular o general. Se siente. Estamos incómodos, y no sabemos cómo hacer para estar cómodos. Intentamos sentarnos derechos, o nos estiramos un rato, pero pronto esta falta de comodidad, esta falta de soporte, regresa.

Volvemos a trabajar con una sensación perezosa, una pesadez por la cual tenemos que atravesar para hacer cualquier cosa. O, volvemos a trabajar tan acelerado que por unas horas no sentimos nada, hasta que paramos y nos encontramos adoloridos o totalmente agotados.

El equilibrio, difícil de alcanzar. Vemos a los niños pequeños, cómo están levemente suspendidos, ágiles, ligeros. No están intentado hacer nada bien. Son naturalmente sostenidos y elásticos.

¿Qúe pasó?

Lo que pasó es que en el camino adquirimos “hábitos”, vestimenta neuromuscular que, quizás, alguna vez, nos quedó bien, pero ya no. Se siente demasiado apretado aquí, demasiado suelto allá. Nuestros cuerpos ya no se ajustan bien a quienes somos ahora.

Es como si, sin querer, desde adentro hacia afuera esculpiéramos un “cuerpo de tensión”, un cuerpo hecho de tensión. Y mantener dos cuerpos funcionando requiere de mucha energía, especialmente dos cuerpos que no se llevan bien. Mientras nuestro cuerpo verdadero pone el pie sobre el acelerador, el cuerpo de tensión pone el pie sobre el freno. Esto no es equilibrio.

El equilibrio regresa cuando empiezas a distinguir tu cuerpo de tensión de tu cuerpo verdadero. En la medida en que vas conociendo tu cuerpo de tensión, le puedes pedir, amablemente, que te suelte. Y a medida que lo hace, tu cuerpo de tensión te entrega su energía, su vida misma. El conflicto termina. Vuelves a ser fluido, como el agua, como la marea creciente, como una ola inseparable del vasto océano, suspendida bajo la plenitud de la luna.

Translated by Mari Hodges

Poise occurs by itself when we stop interfering with it. The hitch is that we don’t know precisely how we are interfering with it because we can’t feel the interference. What we do feel is the result of the interference, some particular or generalized strain, effort, tension, fatigue. It’s there. We’re uncomfortable, and we don’t know how to become comfortable. We try to sit up straight, or we stretch for a while, but soon enough this lack of ease, this lack of support, returns.

We go back to work, with this sluggish sense of weight, this thickness we have to push through to get anything done. Or we go back to work, so revved up that we don’t feel a thing for hours, until we stop, and find ourselves hurting, or totally wiped out.

Poise. It’s elusive. We see very young children, how lightly suspended they are, how lithe, how nimble. They’re not trying to do anything right. They’re just naturally buoyant and springy.

What happened?

What happened was that, along the way, we acquired “habits”, neuromuscular attire that, once, may have fit us, but now does not. It feels too tight here, and too loose there. Our bodies do not suit who we are now.

It is as if, unwittingly, from the inside out, we sculpted “a tension body”, a body made of tension. It takes a lot of energy to keep two bodies going, especially two bodies that aren’t getting along. While our real body is putting its foot on the gas pedal, our tension body is putting its foot on the brake. This is not poise.

Poise returns as you begin to distinguish your tension body from your real body. As you become acquainted with your tension body, you can ask it, kindly, to let go of you. As it does, your tension body, generously, gives you its energy, its very life. The conflict ends. You become fluid again, like water, like the tide rising, like a wave inseparable from the vast ocean, standing, suspended under the fullness of the moon.

 

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